SUPER-REGALO NAVIDE—O
Vino Mexicano con Caja Personalizada
Regalo Dia del Padre


CRUCEROS | CUBA | EUROPA | USA | CANADA | CANCUN | CHINA | SUDAMERICA | CONTACTO | PROMOCIONES

Belice los Cayos y Atolones

"Tabaco era una isla preciosa. Pero llegaron los turistas y la echaron a perder", dice Norland sin soltar la ca√Īa del bote que se estrella una y otra vez sobre el mar embravecido.

Tabaco, una linda isla, ahora atestada de casas y hotelitos, velozmente queda atr√°s. Tambi√©n Dangriga: el estrat√©gico puerto desde el que cualquiera podr√≠a iniciar una aventura hacia la secci√≥n m√°s septentrional de la Gran Barrera de Belice, esa gigantesca muralla de coral que se extiende desde el sur de M√©xico hasta el norte de Honduras y que hace 200 a√Īos era refugio de piratas desalmados. Uno de ellos fue John Glover, el bucanero (bucanero viene de buc√°n, la t√©cnica con que los piratas ahumaban sus pescados) recordado hasta hoy en un atol√≥n que lleva su nombre. El atol√≥n de Glover no s√≥lo es el m√°s lejano, sino tambi√©n el m√°s impoluto, a tal punto que la Unesco lo declar√≥ Patrimonio de la Humanidad. Y √©se es al que ahora intentamos arribar.

"Así como está el mar, tardaremos al menos cinco horas más", dice Norland, un reggaetonero pirata del Caribe.

El bote diminuto salta. Parecería que va a reventar. Y el nervio sólo amaina cuando aparecen unos manatíes. Más tarde, delfines. Es un recreo por un rato. Luego sigue la angustia. El mar está bravo, tanto que en todo momento el naufragio parece inevitable. Pero las horas pasan y finalmente el horizonte se aplana. Y la blanca sonrisa de Norland contrasta con el azul turquesa de la laguna en la que de pronto hemos comenzado a navegar.

Hora de inspeccionar

Ah√≠, enfrente, aparece por fin la tierra prometida. La √ļltima esperanza: Glover s Resort, el √ļnico all inclusive de la Gran Barrera en el que se puede descansar sin tener que destrozar la tarjeta de cr√©dito. S√≥lo 200 d√≥lares la semana, por persona, nada comparado con los cinco o seis mil que piden los hoteles m√°s sofisticados, incluidos los de Ambergris, San Pedro; la "isla bonita" que fascin√≥ a Madonna.

Me recibe Marsha Lomont, una gringa que 40 a√Īos atr√°s compr√≥ la llamada "isla del Norte" y levant√≥ aqu√≠ su lodge; un lugar simple, pero taquillero, administrado por toda la familia, con caba√Īas construidas con hojas de palmeras y oxidadas cocinas conectadas a tanques de buceo rellenos con gas licuado. Muy Robinson Crusoe. Es cierto: los Lomont son exc√©ntricos. Pero tambi√©n millonarios. Desde que Jacques Cousteau hiciera en los a√Īos 60 un documental de la Gran Barrera, y de Blue Hole, su principal atractivo, los precios de las islas se dispararon. Y hoy todas no s√≥lo son privadas, sino que adem√°s cuestan cinco, seis, diez millones de d√≥lares. Y m√°s.

Es hora de inspeccionar. No sin que antes, con el arpón bien sujeto entre sus manos, Warren, el más chico de esta familia Adams del Caribe, pregunte si vamos a querer pescado fresco para la cena. La respuesta es no. Hemos desembarcado con agua y víveres suficientes como para sobrevivir una semana. Y también, cómo no, disfrutar de todo lo que hay aquí. Partiendo por el espectacular mundo submarino. Terminando con esa hipnótica hamaca junto a la playa, en la cual ya comienza a caer el sol.

Aldous Huxley, el escritor, estuvo una vez aqu√≠ cuando Belice era a√ļn colonia inglesa; se independizaron en los a√Īos 80). Luego escribi√≥: "Si es que el mundo tuviese uno o m√°s finales, Belice ser√≠a uno de ellos". Las estrellas aparecen en el firmamento. La brisa refresca. Es la hora perfecta para que les cuente c√≥mo diablos fue que se me ocurri√≥ llegar aqu√≠.

No tener plan es un mal plan. Uno sabe dónde está Belice: debajo de México. Arriba de Guatemala. Nada más. Belice es un misterio. Incluso para los que han estado una vez. Y dos y tres también. Esa es probablemente la gracia de este país donde gran parte de los caminos son de tierra. Donde los monos se suben a la mesa a robarte el desayuno. Donde las mujeres destripan iguanas que chillan antes de precipitarlas a las sartenes. Un país que, desde el aire, parecería que acaba de ser víctima de una terrible inundación. Belice ni siquiera está completamente descubierto; eso pese a que no debe ser más grande que la Región de los Lagos chilena.

Pero Belice, que ha sobrevivido una y otra vez a huracanes como Iris, Hattie y Match, tiene onda. No por nada la escritora de moda Tara McCarthy, autora de Wouldn t Miss it for the World , eligi√≥ a Belice como locaci√≥n de su √ļltimo best seller.

Claro que no es llegar y enamorarse. "¬ŅA Belice? ¬ŅC√≥mo vas a ir a Belice? Es lo peor", me dijo un amigo antes de la partida. Y 24 horas despu√©s yo le daba toda la raz√≥n. Eso antes, claro, de que descubriera que en Belice existen lugares como Glover.

Errores de planificación

Lo reconozco; este viaje parti√≥ con un error de planificaci√≥n. La idea era simplemente llegar a Belice y, en el terreno, encontrar un buen hotel para pasar mi luna de miel. ¬ŅLindo? No. Una imbecilidad. Tras llegar a Belomop√°n, la capital, tomamos un √≥mnibus hacia la costa. Y cinco horas despu√©s cruzamos por un t√©trico cementerio que marca la entrada a Belize City; la ciudad-puerto desde donde van y vienen los botes que conectan el continente con los cayos del acu√°tico pa√≠s. Vale la explicaci√≥n: en la costa de Belice hay dos ambientes. Uno, el de los llamados cayos, casi pegados al continente, que son islas de manglares repletas de gringos y mosquitos. El otro, el de los atolones, mucho m√°s distantes, con bellas islas de verdad. La cosa es que, ah√≠ me enterar√≠a, ese mundo es privilegio de mocasines Lacoste y yatistas triple A.

Alguien me hab√≠a sugerido un destino: cayo Caulker, desde donde podr√≠a salir a incursionar. Hasta donde entend√≠, el Buzios de Belice: un lugar repleto de disco y restaurantes. Un lugar que, seg√ļn aseguran los cat√°logos tur√≠sticos, tiene lindas playas y c√≥modos hoteles. Mentira. Tras romperte el trasero en un bote durante media hora o m√°s, llegas a un lugar con tantos borrachos como basura en las calles. Luego, en cuanto desembarcas, rastafaris, gringos homeless , garifunas y creoles se te vienen encima con el cl√°sico discurso jamaiquino: " Welcome to my island. No problem. Be happy. Do you want a hotel? Do you want a tour? Do you want something to smoke? " Primero uno. Luego otro. Y otro m√°s. Poco despu√©s te das cuenta de que en Caulker no hay nada. Al menos cero playas bonitas y la tan ansiada tranquilidad. S√≠ disco, clubes y puter√≠os varios.

"Disculpe, se√Īor, ¬Ņen qu√© atol√≥n podr√≠a conseguir un hotel bueno y barato?", pregunto en una agencia.

"Ja, ja. Olvídalo. Todas las islas de Belice son privadas. Y en ninguna encontrarás un resort que cueste menos de seis mil dólares. La semana. Por persona."

En Caulker, a mediodía, hay de todo menos el romanticismo del Caribe. Nos dicen que Ambergris, el cayo del Norte, está a media hora en bote, pero que en verdad es lo mismo sólo que más grande y más taquillero, pues ahí está San Pedro: la isla bonita de Madonna. El lugar donde los mayas cavaron el canal que separa la isla de México; la forma que encontraron para abrir una ruta comercial desde el Caribe a Chetumal.

Nuestro viaje de exotismo no se est√° cumpliendo. Eso pese a que justo frente a mis narices est√° la Gran Barrera de Coral. Esa de la cual, en 1836, Darwin se enamor√≥. Esa que, seg√ļn entiendo, los astronautas pueden ver desde el espacio. Esa que, seg√ļn no pocos expertos, es el mejor destino para bucear en el hemisferio occidental junto a Cocos, en Costa Rica, y las Bahamas. En total, 250 kil√≥metros de arrecife, a m√°s de 40 kil√≥metros de la costa m√°s cercana. Eso y 500 especies de peces; 65 tipos de corales, 350 de moluscos. Sin olvidar la posibilidad de observar, cara a cara, tiburones toro, martillo, nurses. Y, por cierto, degustar ponches de ron en los bares de sofisticados resorts como Azul o Mantra. Todos ofrecen paquetes semanales, con buceo incluido. Es que es eso, b√°sicamente, lo que se hace en los atolones: buceo al desayuno, al almuerzo y, si se quiere, antes de la cena.

La cosa es as√≠: en toda Am√©rica, aparte del arrecife de Chinchorro en M√©xico, al sur de Yucat√°n, s√≥lo en Belice hay atolones de ensue√Īo. Como Lighthouse, por ejemplo, donde est√° el monumento natural Media Luna. Cuento aparte es el m√≠stico Blue Hole: un c√≠rculo perfecto en el que no se ve mucha vida marina, pero s√≠ estalactitas y estalagmitas subacu√°ticas. Seg√ļn el mito, en los a√Īos 60 Cousteau lleg√≥ hasta ah√≠. Ancl√≥ el Calypso, deton√≥ unas bombas para abrirse paso y, en alg√ļn minuto, perdi√≥ a su hijo Phillipe. Fue lo que cre√≥ el aura de misterio que impuls√≥ a otros investigadores a seguir descubriendo qu√© hab√≠a en el bien llamado ombligo del Caribe: primero Al Giddings, de la revista Skin Diver . Luego Robert Dill, g√©ologo de Cousteau en la primera expedici√≥n, quien retorn√≥ para internarse en la angosta cueva que se abre a los 70 metros. Una barbaridad, y hasta hoy no son pocos los buzos que mueren a√Īo tras a√Īo intentando una proeza semejante.

En Turneffe, el atolón más grande, hay un sitio increíble llamado Rendezvous, al que suelen ir botes por el día desde Caulker o Ambergris. Pero por lejos el gran atractivo de Turneff son sus sofisticados resorts como Turneffe Island Lodge, con ventiladores de fina madera en cada habitación; o Blackbyrd Caye Resort, enclavado en medio de una isla-jungla visitada por delfines. En todos los atolones la oferta es deslumbrante: en Lighthouse, el Lighthouse Reef Resort. En Glover s, Manta: increíble.

La cosa es que tras leer un folleto en el que me entero de que en Glover s, el atol√≥n m√°s lejano, hay un resort barato, llamo desde un tel√©fono satelital. Me dicen: "El bote sale una vez a la semana y se fue ayer". "¬ŅY qu√© hago?", insisto. "Tienes que ir a Dangriga, al sur de Belice, y ah√≠ alquilar un bote. Ojo que no es barato", advierte un ni√Īo en el tel√©fono. Despu√©s me enterar√≠a de que hablaba con Warren. Tomamos las valijas y partimos al aer√≥dromo de Caulker. Nos subimos a un Cessna de Tropic Air. Nos bajamos en Dangriga. Vamos al puerto. En un caf√©, digno de La isla del tesoro, conocemos al capit√°n Norland. Dice: "Es muy peligroso ir a esta hora. Pero, ¬Ņsaben? Sin aventuras yo no vivir√≠a". Arranca el motor, 600 d√≥lares mediante, seis horas despu√©s, estamos en Glover¬īs.

"Es lindo este lugar. Escucha el mar. Me siento en el centro de ninguna parte", dice mi mujer.

De pronto, Warren pasa frente a la caba√Īa. Gui√Īa un ojo y dice: "Ma√Īana sale un bote barato a Blue Hole. Happy bubbles tonight ".

Es un clásico chiste de buceadores. Empezó la luna de miel.

Datos √ļtiles

Cómo llegar

American Airlines y Continental vuelan a Belize City desde Houston o Miami. 

Sitios arqueológicos

Chac Balam: es un peque√Īo sitio al norte de la isla Ambergris.
Altun Ha: en el Norte, cerca de Sand Hill, hay 13 estructuras, entre las que se destaca el Templo del Dios Sol.
Lamanai: en el New River, fue uno de los centros ceremoniales más importantes del mundo maya. De película, aparte, es el hotel Lamanai Outpost Lodge
Caracol: en el Sur, es importantísimo, ya que Caracol dominó a Tikal durante más de un siglo.

Etiquetas: ,

Enlaces a esta entrada:

Crear un enlace


Enviela a sus amigos por email
o ponla en tu blog

Busca aqui tu destino favorito y encontraras una oferta de viaje

   Inicio       Contacto  

 

 
Solicitar informacion de Viajes: Belice los Cayos y Atolones

Dia del Tour / Day Tour
Pasajeros / Passengers Adults      # of childrens  
Promocion que le interesa
Nombre /  Name
Apellido  / Last Name
Correo / E-mail
Direccion / Address
Ciudad / City
Pais  / Country
Codigo Postal / PostCode
Telefono / phone
Comentarios acerca de su consulta
Any other comments

Para informacion de tarjetas / for  payment information use  secure site






Reciba las promociones de viajes y hoteles en su correo

Email

Nombre 

Apellido

Codigo postal
Estado 


Municipio